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Cita bíblica:
«El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.» – Salmo 91:1
Reflexión:
En un mundo donde la inseguridad parece ser nuestra fiel compañera, el Salmo 91 se levanta como un faro de esperanza. Inicialmente, podríamos pensar que este pasaje promete una vida sin problemas; sin embargo, su mensaje es aún más profundo. No nos ofrece ausencia de tormentas, sino una presencia constante en medio de ellas. Por consiguiente, cuando decidimos «habitar» en Dios, no estamos simplemente visitando un refugio temporal, sino estableciendo nuestra residencia permanente en Él. Además, esta decisión transforma nuestra perspectiva, permitiéndonos ver las dificultades no como obstáculos insuperables, sino como oportunidades para experimentar la protección divina.
Imagino a Moisés, a quien muchos eruditos atribuyen este salmo, escribiéndolo quizás durante aquellos cuarenta años en el desierto. Sus ojos, cansados por el sol implacable y sus manos, endurecidas por décadas de liderar a un pueblo obstinado, temblaban ligeramente mientras plasmaba estas palabras. ¿Cuántas veces habría sentido el peso del miedo al enfrentar el Mar Rojo, la escasez de agua, o las murmuraciones constantes? No obstante, cada crisis se convirtió en testimonio vivo de la protección divina. Puedo verlo bajo la tenue luz de una lámpara, con lágrimas recorriendo su rostro curtido, escribiendo no desde la teoría, sino desde la experiencia profunda de quien ha visto a Dios convertir el desierto en santuario y la vulnerabilidad en fortaleza.
¿Dónde buscamos refugio cuando la tormenta arrecia? En esta era de incertidumbre, muchos corremos hacia seguridades temporales: cuentas bancarias, relaciones, reconocimiento o incluso distracciones digitales. Sin embargo, estos refugios son tan frágiles como castillos de arena ante la marea. El salmista nos desafía a una reflexión honesta: ¿estamos simplemente visitando a Dios en momentos de crisis o hemos establecido nuestra morada en Él? La diferencia es abismal. Quienes habitan en Dios no están exentos del sufrimiento, pero experimentan una paz inexplicable en medio de él. Hoy, te invito a evaluar: ¿dónde estás habitando realmente?
La belleza del Salmo 91 radica en su invitación permanente. No importa cuántas veces hayamos abandonado el refugio divino para construir nuestras propias defensas inadecuadas; la sombra del Altísimo siempre está disponible. Este no es un privilegio reservado para los espiritualmente avanzados, sino una promesa para todo aquel que decide, consciente y deliberadamente, hacer de Dios su morada. En conclusión, habitar bajo Su sombra no es una experiencia pasiva, sino una decisión activa que tomamos cada mañana, cada crisis, cada momento de duda. Y cuando elegimos este refugio, descubrimos que no solo encontramos protección, sino también propósito, no solo escape del peligro, sino transformación en medio de él.
Tarea del día: Identifica un temor específico que te esté robando la paz. Escríbelo en un papel, ora sobre él específicamente, y luego rompe simbólicamente ese papel como acto de entrega a Dios, declarando: «Este miedo ya no define mi morada; yo habito bajo la sombra del Altísimo».
Oremos juntos:
Padre Celestial, reconozco que he buscado seguridad en lugares que no pueden sostenerme. Hoy decido habitar en Ti, no solo visitarte cuando el miedo me abruma. Enséñame a permanecer bajo Tu sombra incluso cuando todo parece estable, para que cuando vengan las tormentas, mi alma ya conozca el camino a casa. Te entrego mis miedos específicos: (nómbralos). Transfórmalos en testimonios de Tu fidelidad. En el poderoso nombre de Jesús, amén.

