Devocional 12 de octubre de 2026: «Preferir a Dios sobre todo lo demás.»

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Cita bíblica:

«Entonces el rey se alegró mucho por él, y mandó sacar a Daniel del foso. Y fue sacado Daniel del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios.» — Daniel 6:23 (RVR1960)

Reflexión:

En la vida cristiana, tarde o temprano llega el momento en que debemos elegir: ¿a quién ponemos primero? No siempre esa decisión es fácil; de hecho, muchas veces elegir a Dios tiene un costo real. Sin embargo, así como el río no puede fluir en dos direcciones al mismo tiempo, nuestro corazón tampoco puede servir a dos señores con la misma devoción. Por eso, preferir a Dios sobre todo lo demás no es simplemente una decisión religiosa, es el acto más valiente, más sabio y más transformador que un ser humano puede tomar.

Imagínate por un momento en la oscuridad de aquella noche. Daniel, un hombre anciano de cabello blanco y rodillas gastadas de tanto orar, es tomado por los brazos y arrastrado hacia el borde de un foso oscuro. El rugido de los leones sube desde las profundidades como un trueno que sacude los huesos. Los funcionarios lo miran con satisfacción; finalmente lograron lo que querían. El rey Darío, con el corazón roto, no puede hacer nada: él mismo firmó el decreto. Daniel no grita, no suplica, no maldice. Sus labios se mueven en silencio, como siempre, en oración. Y entonces cae. La piedra cubre la entrada. La oscuridad lo envuelve todo. Pero algo extraordinario sucede en ese foso: Daniel no está solo. Dios envió a su ángel y cerró la boca de los leones. Aquellos animales feroces que desgarraban carne con facilidad, ahora eran mansos como corderos junto a un hombre cuyo único crimen fue amar a su Dios con todo su corazón. Al amanecer, la voz angustiada del rey retumba: «¡Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios a quien tú continuamente sirves, te ha podido librar de los leones?» Y desde las profundidades, serena y victoriosa, llega la respuesta: «¡Oh rey, vive para siempre!» El que prefirió a Dios sobre su propia vida, salió sin una sola herida.

Lo que más me conmueve de Daniel no es que salió ileso del foso, sino que entró al foso sin dejar de orar. Su fe no fue una reacción de emergencia; fue el resultado de años de comunión diaria con Dios. Él aprendió a confiar antes de que llegara la crisis. Y ahí está la verdad que necesitamos escuchar hoy: la fe no siempre evita la prueba, pero Dios siempre entra en ella contigo. Quizás hoy tú también estás frente a tu propio foso, un diagnóstico, una traición, una pérdida, una decisión difícil. No desmayes. El mismo Dios que cerró la boca de los leones está contigo ahora mismo. No te ha abandonado. Sigue orando. Sigue confiando. La piedra que cubre tu foso no tiene la última palabra.

✏️ Tarea del día: Hoy, antes de revisar tu teléfono o comenzar tus actividades, dedica 10 minutos a orar y decirle a Dios conscientemente: «Te elijo a Ti primero.» Anota en un papel una situación difícil que estés enfrentando y escribe junto a ella: «Dios está conmigo en esto.» Colócalo en un lugar visible durante todo el día.

Daniel nos enseña que preferir a Dios no es un sentimiento, es una decisión que se practica cada día, en lo pequeño y en lo grande. No esperó al foso para empezar a orar; llevaba toda una vida haciéndolo. Esa consistencia fue su fortaleza. Cuando el mundo nos presiona a ceder, a callar nuestra fe, a poner otras cosas primero, la vida de Daniel nos recuerda que vale la pena mantenerse firme. Al final, quienes confían en Dios sobre todas las cosas no solo sobreviven las pruebas, sino que salen de ellas siendo testimonio vivo del poder y la fidelidad de Dios.

Oremos juntos:

Padre celestial, hoy quiero elegirte a Ti sobre todas las cosas. Reconozco que muchas veces he puesto mis miedos, mis comodidades y mis propios planes por delante de Tu voluntad. Perdóname, Señor. Dame la valentía de Daniel, una fe que no se quiebre cuando lleguen los momentos difíciles. Ayúdame a construir una comunión contigo cada día, no solo en las crisis sino en la quietud de lo cotidiano. Si hoy estoy frente a mi propio foso, recuérdame que Tú vas delante de mí. Cierra la boca de todo lo que quiere destruirme y llévame a salvo, para que mi vida sea testimonio de Tu fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.

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