Devocional 2 de septiembre de 2026: «Dios te bendice, aunque no le des las gracias»

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Cita bíblica:

«Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras». (Salmo 145:9, RVR1960)

Reflexión:

Cada mañana que abres los ojos, Dios ya estaba obrando a tu favor. Primero te regaló el aire que respiras; luego, el pan de tu mesa, el techo que te cobija y las personas que te aman. Sin embargo, solemos acostumbrarnos a sus bendiciones y dejamos de verlas. Además, el afán del día nos distrae y agradecemos solo cuando recibimos algo extraordinario. Pero el salmista nos recuerda que Jehová es bueno para con todos. Por lo tanto, su amor no depende de nuestra gratitud.

Imagina aquel camino entre Samaria y Galilea. Diez hombres, con la piel marcada y el alma rota, gritaban desde lejos: «¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!». Hacía años que nadie los abrazaba. Jesús los miró con ternura y los envió a presentarse a los sacerdotes. Mientras caminaban, su piel fue limpiada. ¡Cuántas lágrimas y cuántas carreras de alegría! Pero solo uno, un samaritano, volvió corriendo, se postró a los pies de Jesús y, llorando, le dio gracias. Jesús preguntó con dolor: «¿Dónde están los nueve?» (Lucas 17:11-19).

Cuántas veces miramos solo lo que falta y lo que duele, y olvidamos lo que Dios sostiene cada día. Quizá hoy atraviesas una prueba, pero no desmayes: el mismo Dios que te ha cuidado hasta aquí no te soltará ahora. Tu queja puede ser real, pero la gratitud abre los ojos para ver su mano. Tarea del día: escribe diez bendiciones que has recibido, incluso las más pequeñas, y agradécele a Dios por cada una en voz alta antes de dormir.

Aprendamos, entonces, que la gratitud no cambia el corazón de Dios, pero sí transforma el nuestro. Él nos sigue bendiciendo aunque olvidemos agradecer; ¡qué gran misericordia! Con todo, un corazón agradecido vive en paz, confía más y descubre milagros escondidos en lo cotidiano. Como el samaritano, regresemos a los pies de Jesús, no solo para pedir, sino para adorar. Hoy decide ser de los que vuelven. Quien agradece en la tormenta camina con esperanza hacia el amanecer que Dios ya preparó.

Oremos juntos:

Amado Padre celestial, perdóname por las veces que solo vi lo que me faltaba y olvidé darte gracias. Gracias por tu misericordia, por cada día de vida, por mi familia, mi sustento y por tu amor que nunca falla. Enséñame a ser un corazón agradecido, aun en medio de las pruebas. Ayúdame a volver siempre a tus pies, como aquel leproso sanado. En el nombre de Jesús, amén.

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