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Cita bíblica:
«Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.» — Juan 20:19 (RVR1960)
Reflexión:
El miedo no te aleja de Dios… Él entra en medio de él.
Hay momentos en la vida donde el peso de la incertidumbre se vuelve tan grande que parece aplastarnos. Sin embargo, es precisamente en esos momentos donde Dios demuestra que Su presencia no depende de nuestras circunstancias. Aunque el miedo llegue, aunque la ansiedad golpee, aunque las preguntas no tengan respuesta, Dios no se ha ido. Por el contrario, Él sigue caminando hacia ti. La paz que Él ofrece no es una promesa de ausencia de tormentas… es la certeza de que nunca las enfrentarás solo.
Era de noche. Las puertas estaban cerradas. El miedo llenaba cada rincón del cuarto.
Imagínalo por un momento. Cierra los ojos y transpórtate a ese aposento alto. El sol había caído hacía horas y la oscuridad de la noche era tan densa como el dolor que cargaban esos hombres. Los discípulos —los mismos que habían caminado con Jesús, que habían visto ciegos recibir la vista y muertos levantarse— ahora estaban encogidos, temblando, sin saber qué iba a pasar. El rumor de que Jesús había resucitado circulaba entre ellos, pero el miedo era más fuerte que la esperanza. Habían cerrado las puertas con llave. No querían que nadie entrara. No querían ser los siguientes en ser arrestados, juzgados, crucificados. El silencio era tenso. Algunos lloraban en silencio. Otros miraban la puerta con terror. Y entonces… sin tocar, sin llamar, sin anunciarse… Jesús se paró en medio de ellos. No llegó cuando todo estaba bien. No esperó a que el miedo se calmara. Entró exactamente cuando el miedo estaba en su punto más alto, miró a cada uno de sus discípulos a los ojos, y con una voz que debió sentirse como brisa sobre una herida abierta, dijo: «Paz a vosotros.» No fue un grito. No fue un sermón. Fueron tres palabras que lo cambiaron todo.
Puedes amar a Dios… y aun así estar lleno de miedo. Y eso está bien.
Hay algo que el enemigo usa con mucha crueldad: hacerte creer que si tienes miedo, es porque tu fe falla. Pero los discípulos amaban a Jesús profundamente… y aun así temblaban. El miedo no es señal de que Dios se fue. Es señal de que eres humano. Hoy quizás tienes miedo al futuro, a perder algo que amas, a no ser suficiente. Pero la verdad más poderosa de Juan 20:19 es esta: Jesús no espera que el miedo desaparezca para entrar en tu vida. Él entra en medio de él. La paz de Dios no es la ausencia de problemas… es Su presencia en medio de ellos.
🗒️ Tarea del día: Escribe en un papel las tres cosas que más te generan miedo hoy. Luego, al lado de cada una escribe: «Pero Jesús está en medio de esto.» Ora sobre esa lista y entrégasela a Él.
Lo que aprendemos hoy es simple, pero transforma vidas.
Dios no te pide que seas valiente antes de acercarte a Él. Te recibe tal como estás: con el miedo, con las dudas, con las puertas cerradas. Así como Jesús entró al aposento sin que nadie lo invitara, así entra hoy en tu corazón. La paz que Él da no la da el mundo. No la da el dinero, ni el control, ni las certezas humanas. La da Su presencia. Y hoy, si estás escondido detrás de tus miedos, Él ya se paró en medio de ti y dice: «Paz a vosotros.» Recíbela. Créela. Vívela.
Oremos juntos:
Señor Jesús, hoy me acerco a ti tal como estoy. Con mis miedos, con mi ansiedad, con mis preguntas sin respuesta. Así como entraste al cuarto cerrado donde estaban tus discípulos, te pido que entres en los espacios cerrados de mi corazón. En aquellos lugares donde el miedo ha puesto llave… entra Tú. Habla esa palabra de paz que solo Tú puedes dar. No te pido que me quites las circunstancias… te pido que estés en medio de ellas. Gracias porque tu paz no depende de mis fuerzas, sino de Tu presencia. En tu nombre poderoso, amén.
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