Cita bíblica:
«Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.» — Filipenses 2:8
Reflexión:
Todos en algún momento hemos tenido una excusa. Primero decimos que el fuego y el compromiso son cosa de jóvenes, luego afirmamos que el trabajo nos consume el tiempo, después llega el matrimonio y creemos que eso nos limita, y finalmente los hijos se convierten en la razón perfecta para alejarnos del servicio. Sin embargo, es importante detenernos y preguntarnos con honestidad: ¿realmente son excusas válidas, o simplemente hemos dejado de hacer de Dios nuestra prioridad? Cada etapa de la vida trae responsabilidades, pero también trae oportunidades únicas para glorificar a Dios. La pregunta no es si tienes tiempo, sino si tienes voluntad.
Cierra los ojos por un momento e imagínalo. Él era Dios. El que con su palabra creó las estrellas, los mares y cada latido de tu corazón. No tenía ninguna obligación contigo ni conmigo. No era su problema nuestra rebelión, nuestro pecado, nuestra perdición. Pero aun así… bajó. Se vistió de carne humana, sintió hambre, cansancio y dolor. Caminó caminos polvorientos, fue rechazado por los suyos, traicionado por un amigo con un beso, azotado hasta quedar irreconocible, coronado con espinas que penetraron su frente, y cargó una cruz pesada con manos que alguna vez formaron el universo. No puso ni una sola excusa. Ninguna. Y cuando llegó el momento más oscuro, cuando el peso del pecado del mundo aplastó su alma, lo entregó todo. Por ti. Por amor. Jesús no dijo «no tengo tiempo», Él dijo «consumado es». ¿Y tú, qué le dices hoy a Él?
Mientras Jesús no escatimó absolutamente nada por salvarte, nosotros encontramos mil razones para no dar una hora de nuestro tiempo. Eso debería sacudirnos el alma. El servicio no es una carga, es una respuesta de amor. Hoy te invito a hacer algo poderoso: escribe en un papel todas las excusas que has usado para no servir a Dios. Léelas en voz alta. Luego pregúntate: ¿Le diría estas excusas a Jesús mientras lo veo cargando la cruz por mí? Esa es tu tarea del día. Hazlo, y permite que Dios hable a tu corazón.
Servir a Dios no depende de una etapa de la vida, depende de una decisión del corazón. Los más grandes guerreros de la fe en la Biblia sirvieron en medio de sus limitaciones: Moisés con su tartamudez, Pablo en prisión, la viuda con su última moneda. Lo que aprendemos hoy es claro: Dios no busca personas perfectas ni con tiempo ilimitado, busca corazones dispuestos. Si Jesús dio su vida entera sin excusas, lo menos que podemos hacer es darle nuestra disposición. Hoy es el día de dejar las excusas atrás y decirle a Dios: «Aquí estoy, úsame.»
Oremos juntos:
Señor Jesús, hoy mi corazón se quiebra al recordar lo que hiciste por mí. Bajaste del cielo, lo dejaste todo, sufriste todo, y nunca pusiste una excusa. Perdóname, Padre, por cada vez que encontré razones para no servirte, para no darte mi tiempo, mi energía, mi vida. Hoy decido romper con esas excusas. Aquí estoy, Señor, con mis limitaciones, mis horarios, mi familia, mi trabajo. Úsame en donde estoy, como estoy. Que mi vida sea una ofrenda viva para tu gloria. En el nombre de Jesús, amén.
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