Escucha el devocional y comparte!
Cita bíblica:
«Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.» — Jeremías 1:5 (RVR1960)
Reflexión:
Hay una verdad que el enemigo no quiere que conozcas: no llegaste a este mundo por accidente. Antes de que tu madre sintiera el primer movimiento en su vientre, antes de que alguien supiera tu nombre, Dios ya te había elegido. Por eso, aunque hoy te sientas ordinario, aunque el mundo te haya dicho que no eres suficiente, debes entender que llevas una marca invisible que el cielo reconoce. No eres uno más entre la multitud. Fuiste apartado, sellado y enviado con un propósito que trasciende todo lo que tus ojos pueden ver.
Cierra los ojos por un momento e imagínate a Jeremías: un joven inseguro, con manos temblorosas y palabras atropelladas. Cuando Dios le habló, su primera respuesta fue: «¡No sé hablar, soy demasiado joven!» Quizás tú también has dicho algo así. Pero mira lo que Dios hizo: no lo eligió por sus habilidades, sino a pesar de sus debilidades. Antes de que Jeremías diera su primer llanto de recién nacido, antes de que abriera los ojos a la luz del mundo, Dios ya lo había santificado, ya lo había apartado, ya lo había destinado a ser voz de naciones enteras. Eso significa que el llamado de Dios no depende de quién tú crees que eres, sino de quién Él decidió que serías. Dios no comete errores al escoger.
📝 Tarea del día: Escribe en un papel o en tu celular esta frase: «Antes de nacer, Dios ya me conocía y me escogió.» Llévatela contigo y cada vez que el enemigo te haga dudar de tu valor, léela en voz alta y recuérdale al diablo quién eres.
Oremos juntos:
Padre celestial, hoy me detengo ante Ti con el corazón abierto. Gracias porque antes de que yo existiera, Tú ya me amabas y me habías escogido. Perdóname por las veces que dudé de mi valor, por las veces que quise ser otro y no lo que Tú diseñaste. Hoy recibo Tu propósito para mi vida. Ayúdame a caminar seguro en el llamado que pusiste en mí. No dejes que huya como Jonás, sino que responda como Jeremías, con todo mi corazón, aunque tiemble. En el nombre de Jesús, amén.
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