Ahora puedes escuchar y compartir el devocional a través de YouTube!
Cita bíblica:
«Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.» – Efesios 4:30
Reflexión:
En nuestro caminar cristiano, a menudo nos enfocamos en evitar pecados visibles, sin embargo, existe algo que verdaderamente lastima el corazón del Espíritu Santo: ignorarlo. Cada día, Él permanece fielmente a nuestro lado, esperando pacientemente que lo reconozcamos, pero con frecuencia pasamos de largo, absortos en nuestras propias preocupaciones. Además, cuando ignoramos Sus suaves toques en nuestro corazón o Sus delicadas advertencias, lo entristecemos profundamente. El Espíritu Santo no es simplemente una fuerza impersonal; es una Persona divina que siente, ama y anhela tener comunión íntima con nosotros.
La historia de Sansón nos muestra dolorosamente esta verdad. Imagina a este hombre ungido por Dios desde el vientre, dotado con fuerza sobrenatural, pero constantemente ignorando la voz del Espíritu Santo. Mientras Sansón perseguía sus propios deseos, el Espíritu le advertía a través de sus padres y las circunstancias, pero él elegía no escuchar. Puedes sentir el dolor divino cuando, después de tantas advertencias ignoradas, Sansón revela el secreto de su fuerza a Dalila. En ese momento crucial, la Escritura dice algo devastador: «Y él no sabía que Jehová ya se había apartado de él» (Jueces 16:20). ¡Qué tragedia! Había ignorado tanto al Espíritu Santo que ni siquiera notó cuando Su presencia se alejó, hasta que fue demasiado tarde.
¿Cuántas veces hemos sentido ese suave toque en nuestro corazón, esa voz apacible que nos guía, pero decidimos seguir nuestro propio camino? Cada vez que postergamos nuestro tiempo a solas con Dios, cada vez que ignoramos esa convicción interior de orar por alguien, cada vez que apagamos esa inspiración para estudiar Su Palabra, estamos entristeciendo al Espíritu Santo. Él está esperando tener comunión con nosotros, no como un deber religioso, sino como una relación amorosa. Su corazón se quebranta cuando lo tratamos como una herramienta para nuestros propósitos en lugar de un amigo íntimo que anhela compartir cada aspecto de nuestra vida.
Tarea del día: Dedica 15 minutos hoy para sentarte en silencio, sin distracciones, y simplemente pregúntale al Espíritu Santo: «¿Hay alguna área donde te he estado ignorando?» Escucha atentamente y anota lo que venga a tu corazón.
Cuando reconocemos al Espíritu Santo como persona y no como una simple influencia divina, nuestra vida espiritual se transforma radicalmente. Comenzamos a experimentar Su dirección no como reglas a seguir, sino como conversaciones con Alguien que nos ama profundamente. Por lo tanto, cultivemos una nueva sensibilidad hacia Su presencia. Prestemos atención a Sus sutiles impresiones en nuestro corazón. Dediquemos tiempo específicamente para escucharlo. Reconozcamos que Él está con nosotros no sólo en momentos de adoración, sino en cada instante de nuestra vida cotidiana, anhelando una comunicación constante y genuina.
Oremos juntos:
Amado Espíritu Santo, perdóname por las veces que te he ignorado o tratado como una presencia impersonal. Me duele pensar cuántas veces he entristecido tu corazón al no prestarte atención. Hoy reconozco que eres una Persona divina que siente, ama y anhela comunión conmigo. Ayúdame a ser más sensible a tu voz, a reconocer tus suaves toques en mi corazón y a dedicarte el tiempo que mereces. Enséñame a caminar en constante comunión contigo, escuchando y obedeciendo tus guías. Que mi vida sea un lugar donde te sientas bienvenido y honrado. En el nombre de Jesús, amén.

