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Cita bíblica:
«Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.» — Hebreos 13:8
Reflexión:
¿Recuerdas aquel momento en que Dios intervino en tu vida de manera sobrenatural? Quizás fue una sanidad inesperada, una puerta que se abrió cuando todo parecía cerrado, o una provisión que llegó justo a tiempo. Sin embargo, hoy te encuentras nuevamente en medio de una tormenta, preguntándote si Dios todavía se acuerda de ti. Por eso quiero recordarte algo poderoso: el mismo Dios que obró ayer en tu vida no ha cambiado. Su amor es eterno, su poder es ilimitado y su fidelidad no tiene fin. Él es el mismo ayer, hoy y por siempre, y lo que hizo antes, lo puede volver a hacer hoy.
Déjame llevarte a una historia que quizás conoces, pero que hoy necesitas sentir en lo más profundo de tu corazón. Agar era una sierva egipcia, sin voz ni voto, que vivía bajo el techo de Abraham y Sara. Un día, Sara la entregó a Abraham para tener descendencia, y cuando Agar quedó embarazada, la tensión entre ambas se volvió insoportable. Sara la trató con dureza, y Agar, sola, asustada y sin esperanza, huyó al desierto. Imagínala: una mujer extranjera, embarazada, bajo el sol abrasador, sin agua, sin camino, sin nadie. Solo arena y silencio. Pero entonces ocurrió lo impensable: el Ángel del Señor la encontró junto a una fuente. La llamó por su nombre. La vio. La escuchó. Le prometió que su hijo sería grande. ¡Dios vio a la que nadie veía! Agar lo llamó «El Dios que me ve», porque comprendió que incluso en el desierto, ella tenía un Padre celestial que la contemplaba. Años después, la historia se repitió. Sara echó a Agar y a su hijo Ismael. Nuevamente el desierto, nuevamente la desesperanza. El agua se acabó y Agar puso a su hijo bajo un arbusto porque no podía soportar verlo morir. Lloraba con el alma rota. ¿Puedes imaginar ese llanto de madre? Pero Dios escuchó la voz del niño, y su ángel volvió a llamar a Agar. Entonces abrió sus ojos y vio un pozo de agua. El mismo Dios que había hecho el milagro la primera vez, lo hizo de nuevo. No la abandonó. Nunca te abandona.
Amigo, amiga, si hoy te encuentras en tu propio desierto, si el agua se acabó, si las fuerzas fallaron, si sientes que nadie te ve ni te escucha, necesitas saber algo que puede cambiar todo: el mismo Dios que te rescató antes, no ha olvidado tu nombre. Él te ve exactamente donde estás. No importa cuán árido esté tu camino, cuán profundo sea tu dolor. Tú tienes un Dios que te mira, te llama por tu nombre y está listo para abrir un pozo en medio de tu desierto. No desmayes, ¡el milagro está más cerca de lo que crees!
✏️ Tarea del día: Escribe en un papel o en tu diario tres milagros que Dios ya hizo en tu vida. Léelos en voz alta y dile: «Señor, creo que lo que hiciste antes, lo harás de nuevo.» Guarda ese papel como recordatorio de su fidelidad.
La historia de Agar nos enseña que Dios no hace acepción de personas. Él vio a una esclava extranjera en el desierto y la rescató no una, sino dos veces. Eso mismo habla de ti hoy. Su Palabra no cambia, su carácter no varía y su amor no se agota. Puedes estar seguro de que el Dios de tus milagros pasados es el mismo Dios que camina contigo hoy. No es un Dios del ayer solamente; es el Dios del ahora. Y si Él lo hizo antes, lo puede hacer de nuevo, porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Oremos juntos:
Padre celestial, gracias porque eres el Dios que nunca cambia. Hoy me presento ante Ti recordando cada milagro que has hecho en mi vida. Señor, en este momento de desierto, te pido que abras mis ojos para ver el pozo que ya preparaste para mí. Como lo hiciste con Agar, hazlo conmigo hoy. Recuérdame que me ves, que me escuchas y que nunca me has abandonado. Renueva mi fe, fortalece mi esperanza y permite que pueda decir como ella: «Tú eres el Dios que me ve.» En el nombre de Jesús, amén.
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Gracias por el ánimo que me da la Palabra de Dios, hermosamente presentado por ti, que Dios te bendiga y me bendiga