Devocional 29 de septiembre de 2026: «El tiempo que no regresa.»

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Cita bíblica:

«Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el sol.» — Eclesiastés 3:1 (NVI)

Reflexión:

Vivimos en una época donde la productividad se ha convertido en un ídolo silencioso. Sin embargo, en medio de tanto afán por alcanzar metas, muchos llegan a la cima y descubren, con el corazón roto, que llegaron solos. Dios, en su infinita sabiduría, nos recuerda a través de Eclesiastés que todo tiene su tiempo: hay tiempo para trabajar, sí, pero también hay tiempo para amar, para estar presentes, para mirar a los ojos a quienes nos sostienen cuando el camino se pone difícil. Por eso, antes de seguir corriendo, detente un momento y pregúntate: ¿A quién estás dejando atrás mientras construyes el futuro que sueñas?

Imagina por un momento a Jesús en medio de su ministerio. Tenía la misión más grande que cualquier ser humano ha cargado jamás: la redención de toda la humanidad. El peso del mundo descansaba literalmente sobre sus hombros. Y aun así… se detenía. Se detenía para cenar con sus discípulos, para reírse con ellos, para preguntarles cómo estaban. Esa última noche, antes de ser entregado, no pasó sus horas finales elaborando estrategias ni perfeccionando su mensaje. En cambio, tomó pan, lo partió, y dijo: «Hagan esto en memoria de mí.» Los miró uno a uno. Les lavó los pies. Les dijo «los amo» de la manera más profunda que existe: con presencia, con tiempo, con entrega total. Jesús nunca dejó que su misión aplastara su amor por las personas. Porque entendió algo que nosotros olvidamos con frecuencia: las personas son la misión.

¿De qué sirve alcanzar la cima si en el camino olvidaste a quienes construyeron la escalera contigo? Hoy, mientras lees esto, hay alguien que extraña tu voz, tu abrazo, tu tiempo. Tu mamá que espera esa llamada. Tu hijo que quiere que lo veas jugar. Tu amigo que necesita que le preguntes cómo está. El cerebro prioriza recompensas visibles, pero el alma necesita conexión. No postergues lo que el mañana no garantiza. Pídele hoy al Señor que te muestre dónde estás fallando y que te ayude a reorganizar tu tiempo sin abandonar a quienes amas.

📌 Tarea del Día: Hoy, antes de dormir, escribe el nombre de una persona a quien llevas tiempo sin dedicarle tiempo de calidad. Llámala, escríbele o visítala. No mañana. Hoy.

La verdadera grandeza no se mide por los logros que acumulas, sino por las personas que permanecen a tu lado cuando los alcanzas. Aprendemos hoy que el equilibrio no es debilidad, es sabiduría. Que perseguir sueños con propósito también significa honrar a quienes caminan contigo. Dios no diseñó la vida para vivirla en solitario. Diseñó la familia, la amistad y la comunidad como regalos sagrados. No los trates como interrupciones de tu agenda. Trátalos como parte esencial de tu llamado. Porque al final, lo que más extrañarás no será lo que lograste, sino con quién lo compartiste.

Oremos juntos:

Señor Jesús, hoy reconozco que en mi afán por construir y alcanzar, he dejado en segundo plano a personas que amas y que me amas a través de ellas. Perdóname por las llamadas que no hice, por los abrazos que postergué, por el tiempo que di por sentado. Hoy te pido que me muestres con claridad dónde estoy fallando. Ayúdame a organizar mi vida de manera que mis metas y mi amor por los demás coexistan sin destruirse. Dame la sabiduría de Eclesiastés: un corazón que sepa que todo tiene su tiempo, y la valentía de vivir cada momento con presencia, amor y gratitud. En tu nombre oro. Amén.

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