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Cita bíblica:
«Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias;» – Salmo 103:3
Reflexión:
En medio del dolor y la enfermedad, a menudo nos preguntamos si Dios realmente se preocupa por nuestra salud física. Sin embargo, el Salmo 103:3 nos recuerda poderosamente que Dios no solo perdona nuestros pecados, sino que también es nuestro sanador. Esta doble promesa nos muestra que el Señor se preocupa por nuestra salud integral: espiritual y física. A pesar de esto, muchos de nosotros hemos experimentado batallas prolongadas contra enfermedades que parecen no ceder. No obstante, debemos recordar que, aunque la sanidad es parte de la naturaleza de Dios, Sus tiempos y métodos pueden diferir de nuestras expectativas.
Pensemos en Naamán, el comandante del ejército sirio, quien sufría de lepra, una enfermedad incurable en su tiempo. Su orgullo casi le impide recibir la sanidad cuando Eliseo le ordenó sumergirse siete veces en el río Jordán. ¡Qué imagen tan poderosa! A veces, nuestra sanidad requiere humildad y obediencia a instrucciones que parecen ilógicas. O recordemos a la mujer con flujo de sangre, quien después de doce años de sufrimiento, tocó con fe el borde del manto de Jesús y fue sanada instantáneamente. ¿Y qué decir del apóstol Pablo? Tres veces suplicó al Señor que quitara el «aguijón en su carne», pero Dios respondió: «Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» Cada historia nos muestra diferentes facetas del poder sanador de Dios.
¿Has batallado con enfermedades este año sin ver la sanidad que tanto anhelas? Quizás el propósito de Dios va más allá de restaurar tu cuerpo; tal vez desea transformar tu corazón primero. A veces, Dios utiliza nuestras dolencias físicas como catalizadores para un crecimiento espiritual profundo. Quizás quiere que abandonemos la queja y aprendamos a alabarle en toda circunstancia. Con el nuevo año a la vuelta de la esquina, te invito a mirar tu prueba con nuevos ojos, preguntándote: «Señor, ¿Qué quieres enseñarme a través de este dolor?»
La batalla contra la enfermedad no siempre sigue el camino que esperamos. Aunque el Salmo 103:3 afirma que Dios «sana todas nuestras dolencias», debemos entender que la sanidad puede manifestarse de diversas formas. A veces ocurre instantáneamente, otras veces gradualmente, y en ocasiones, la sanidad más profunda sucede en nuestro espíritu mientras nuestro cuerpo sigue enfermo. Lo importante es recordar que Dios nunca desperdicia nuestro dolor. Cada lágrima, cada noche de insomnio, cada tratamiento doloroso puede convertirse en una oportunidad para experimentar Su gracia de maneras que nunca hubiéramos conocido en perfecta salud.
Tarea del día: Toma un momento para escribir una carta de gratitud a Dios, mencionando específicamente las bendiciones que has recibido en medio de tu enfermedad o dolor.
Oremos juntos:
Padre Celestial, te agradecemos porque eres el Dios que perdona nuestras iniquidades y sana nuestras dolencias. En medio de nuestro dolor físico, te pedimos que nos des la perspectiva correcta para ver más allá de nuestras circunstancias. Si es tu voluntad, te pedimos sanidad completa, pero si no, danos la gracia para glorificarte en nuestra debilidad. Transforma nuestras quejas en alabanzas y nuestro desánimo en testimonio. Ayúdanos a confiar en que, ya sea a través de la sanidad física o de tu fuerza en nuestra debilidad, tu propósito perfecto se cumplirá en nuestras vidas. En el nombre de Jesús, amén.

