Devocional 1 de septiembre de 2026: «Es Tiempo de Hablar de Jesús.»

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Cita bíblica:

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. — Marcos 16:15 (RVR1960)

Reflexión:

Hay momentos en la vida donde Dios nos susurra al corazón que es tiempo de actuar. Hoy es uno de esos momentos. A nuestro alrededor, millones de personas cargan soledades invisibles, heridas que no muestran y preguntas que nadie responde. Sin embargo, nosotros tenemos la respuesta más poderosa del universo: el nombre de Jesús. No necesitas un púlpito, ni un micrófono, ni palabras perfectas. Solo necesitas un corazón dispuesto y la valentía de abrir la boca para decir lo que cambió tu vida. El mundo espera, y el tiempo es ahora.

Era mediodía en Samaria, la hora más calurosa, cuando los demás ya descansaban. Una mujer caminaba sola hacia el pozo de Jacob, cargando su cántaro y algo mucho más pesado: una historia rota, cinco matrimonios fallidos y el peso del rechazo de toda una comunidad. Nadie la esperaba allí. Pero Jesús sí. El Evangelio de Juan dice algo que estremece: «Le era necesario pasar por Samaria» (Juan 4:4). No fue casualidad. Fue propósito divino.

Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Cuando la mujer llegó, no la ignoró, no la juzgó, no la señaló. Simplemente le habló: «Dame de beber.» Una frase sencilla que abrió una puerta eterna. De lo ordinario —el agua— pasó a lo extraordinario: «El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.» La mujer, confundida pero intrigada, siguió escuchando. Entonces Jesús tocó su herida más profunda con ternura y verdad: «Cinco maridos has tenido…» No para avergonzarla, sino para liberarla. Aquella mujer que llegó huyendo de miradas salió corriendo hacia la aldea gritando: «¡Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho!» Y ese día, toda una ciudad fue transformada por una conversación junto a un pozo. Una sola persona dispuesta a hablar de Jesús cambió una comunidad entera.

Hoy la tierra gime. Las noticias duelen. Las familias se rompen. Las personas buscan respuestas en el fondo de una botella, en una pantalla, en relaciones que las vacían más. Y mientras tanto, tú y yo tenemos el agua viva. ¿Cuántos pozos cruzamos cada día sin detenernos? No tienes que predicar un sermón de una hora. Solo escucha a alguien. Solo dile: «Dios te ama.» Si se abre la puerta, ora por esa persona. Un gesto, una palabra, una oración pueden ser el punto de quiebre entre la desesperanza y la esperanza eterna. Es tiempo. No mañana. Hoy.

Oremos juntos:

Señor Jesús, perdóname por las veces que callé cuando debí hablar. Por las veces que pasé de largo junto al pozo de alguien que necesitaba agua viva. Hoy te pido que enciendas en mí el fuego del evangelio. Dame ojos para ver a los que están solos, oídos para escuchar a los que lloran y valentía para pronunciar Tu nombre. Úsame, Señor, como instrumento de Tu amor. Que mis palabras, mis gestos y mi vida sean un testimonio vivo de que Tú cambias todo. Envíame a los pozos de mi ciudad, de mi familia, de mi trabajo. En Tu nombre poderoso, Jesús, amén.

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