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Cita bíblica:
«No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.»
— Deuteronomio 18:10-12
Reflexión:
¿Es la brujería un juego inocente o una puerta peligrosa?
Vivimos en tiempos donde el ocultismo se ha disfrazado de moda, entretenimiento y tradición. Sin embargo, la Palabra de Dios habla con absoluta claridad sobre estas prácticas. La brujería, la hechicería y la adivinación no son simples costumbres culturales; son puertas que abren el alma a fuerzas contrarias a Dios. Por esa razón, el Señor, en su infinita sabiduría y amor, nos protege al establecer límites firmes. Su prohibición no nace del capricho, sino del cuidado de un Padre que conoce el daño real que estas prácticas causan en la vida espiritual de sus hijos.
La noche más oscura de un rey: La historia de Saúl y la hechicera de Endor
Imagina por un momento a Saúl, el primer rey de Israel, esa noche terrible descrita en 1 Samuel 28. Era un hombre que alguna vez brilló con la unción de Dios, un rey elegido, ungido, amado por su pueblo. Pero las decisiones equivocadas lo habían llevado lejos del Señor. Ahora, con el ejército filisteo acampando amenazante frente a él, sintió un frío diferente al de la noche: el frío del silencio de Dios. Oró… y el cielo calló. Consultó profetas… y no hubo respuesta. Entonces, desesperado, tembloroso, cubierto por la oscuridad de su propio corazón, tomó la decisión más fatal de su vida: buscar a una médium en Endor. Se disfrazó para no ser reconocido, cruzó líneas que él mismo había prohibido como rey, y llegó a aquella mujer en la oscuridad de la noche. Pidió que invocara al profeta Samuel, ya muerto. Lo que ocurrió sacudió incluso a la hechicera: una presencia apareció, y el mensaje fue devastador. No hubo consuelo, no hubo esperanza, solo la confirmación de su ruina. Saúl cayó al suelo, paralizado por el terror. Aquel hombre que pudo haber buscado el arrepentimiento genuino, eligió en cambio una puerta prohibida… y esa puerta lo llevó a la destrucción. Qué imagen tan desgarradora de lo que ocurre cuando buscamos respuestas en lugares que Dios ha sellado con su advertencia.
📝 Tarea del día: Hoy, toma un papel y escribe honestamente: ¿Hay algo en mi vida —una práctica, un hábito, una consulta— que no sea a Dios? Llévalo en oración y entrégaselo al Señor.
La brujería no siempre llega con capa y escoba; llega disfrazada de cartas del tarot, horóscopos, amuletos o rituales que «no hacen daño». Pero Dios la llama abominación porque sabe que detrás de cada práctica oculta hay un espíritu que no es el Suyo. El poder de Dios es real, genuino y transformador. Las falsificaciones del enemigo solo imitan, engañan y destruyen. Hoy te pregunto con amor pastoral: ¿Estás buscando dirección en Dios o en otras fuentes? ¿Hay algo ocupando el lugar que solo Él merece en tu vida?
Conclusión: El amor de Dios detrás de cada prohibición
Dios no prohíbe estas prácticas para limitarnos, sino para liberarnos. Cada «no» de Su Palabra esconde un profundo «te amo» de un Padre que conoce los peligros del camino. La historia de Saúl nos enseña que alejarse de Dios y buscar respuestas en el ocultismo conduce a la desesperanza y la destrucción. Pero también nos recuerda que mientras tengamos aliento, podemos volver a Él. La diferencia entre la brujería y la fe no es solo religiosa: es la diferencia entre la oscuridad y la luz, entre el engaño y la verdad, entre la muerte y la vida eterna.
Oremos juntos:
Señor Jesús, hoy reconocemos que solo en Ti está la verdad y la vida. Perdónanos por las veces que hemos buscado respuestas lejos de Ti, por las puertas que hemos abierto sin saber el peligro que representaban. Limpia nuestros corazones, Padre, de toda práctica o pensamiento contrario a Tu voluntad. Ayúdanos a buscarte a Ti primero, a confiar en Tu guía y a rechazar todo lo que no venga de Tu mano. Que nuestras vidas sean un reflejo de Tu luz en medio de la oscuridad. En el nombre de Jesús, Amén.
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