Escucha el devocional y comparte!
Cita bíblica:
«Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.» — Apocalipsis 3:15-16
Reflexión:
El cristianismo mediocre no comienza con una gran caída, sino con pequeñas concesiones silenciosas. Primero, dejas de orar con profundidad; luego, la Biblia acumula polvo; después, las excusas reemplazan el compromiso. Sin embargo, lo más peligroso no es lo que haces, sino lo que dejas de hacer. La tibieza espiritual es como el agua estancada: no hace ruido, no golpea, simplemente se pudre por dentro. Por tanto, debemos preguntarnos hoy con honestidad: ¿estamos sirviendo a Dios con todo nuestro corazón, o simplemente manteniendo las apariencias de una fe que ya perdió su fuego?
Imagínate ese jardín perfecto. Adán y Eva caminaban con Dios en la brisa del atardecer, lo tenían todo, la comunión más pura que ser humano alguno haya experimentado jamás. Pero entonces llegó la serpiente, no con gritos ni violencia, sino con una sola pregunta envenenada: «¿Con que eso les dijo Dios?» Suave, casi amigable. Y luego vino la promesa que destruiría generaciones: «No moriréis.» No fue una explosión, fue un susurro. Eva miró el fruto, lo vio hermoso, lo deseó, y en ese instante el cielo lloró. Adán, que debía proteger, guardó silencio cómplice. No murieron ese día físicamente, pero algo en ellos se apagó para siempre. La comunión se rompió. El jardín se cerró. Y el eco de ese «no moriréis» todavía resuena hoy en cada cristiano que justifica su tibieza.
El enemigo no necesita que te alejes de la congregación, le basta con que la sustituyas por tus propias prioridades. No le hace falta que dejes de creer, solo que abandones tu vida de santidad. Viene con la misma táctica de siempre: «¿De verdad Dios te dijo eso? Diviértete, embriágate, peca en secreto, esconde tu infidelidad… no te pasará nada.» Y si todavía estás de pie sin consecuencias aparentes, ten cuidado, porque la destrucción que trae el diablo no llega de golpe, llega poco a poco. Y no te destruye solo a ti, destruye lo que viene después de ti. Tus hijos que rechazan la fe, tu matrimonio a punto de desmoronarse, el adversario moviéndose libremente en tu casa: ese es el precio de una vida tibia. A Satanás no le molesta que lleves la etiqueta de cristiano, lo que realmente lo estremece es cuando decides vivir en verdadera consagración.
✏️ Tarea del día: Escribe en un papel tres áreas de tu vida donde hayas permitido la tibieza. Arrodíllate hoy y entrégaselas específicamente a Dios. No mañana. Hoy.
En conclusión, el cristianismo mediocre comienza con pequeñas concesiones y termina con generaciones perdidas. Dios no llama a sus hijos a sobrevivir espiritualmente, los llama a arder. Apocalipsis 3:16 es una advertencia de amor: Dios prefiere que seas completamente frío a que finjas una fe tibia. Aprender de este devocional significa reconocer que la consagración no es una opción para súper cristianos, es el estándar mínimo del discípulo de Cristo. Hoy puedes elegir encender nuevamente ese fuego, no por mérito, sino por la gracia de un Dios que aún no te ha vomitado de su boca.
Oremos juntos:
Padre celestial, hoy me presento ante Ti con el corazón expuesto. Reconozco que he permitido que la tibieza entre en mi vida, que he dado espacio a las excusas, al desánimo y a la mediocridad espiritual. Perdóname, Señor. No quiero ser un cristiano de apariencias, quiero ser uno que te teme, que te ama y que vive consagrado. Reprendo hoy toda estrategia del enemigo que quiere destruir mi familia a través de mi desobediencia. Enciende nuevamente el fuego en mí. Que mi hogar, mis hijos y mis generaciones encuentren en mi ejemplo un legado de fe verdadera. En el nombre de Jesús, amén.

