Devocional 14 de febrero de 2025: «Jesús, Mi Plenitud Absoluta.»

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Cita bíblica:

Y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. – Efesios 3:19

Reflexión:

Cuando hablamos de plenitud, nos referimos a ese estado de completitud donde nada falta y todo es suficiente. En nuestro mundo actual, constantemente buscamos llenar vacíos con posesiones, relaciones o logros. Sin embargo, estas satisfacciones son temporales. Por el contrario, Cristo nos ofrece una plenitud que trasciende lo material y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser. Esta plenitud divina no solo sacia momentáneamente, sino que permanece incluso en medio de las tormentas de la vida. Además, cuando experimentamos la plenitud de Jesús, encontramos un propósito que va más allá de nuestras limitadas expectativas humanas.

Contemplemos a David, el dulce cantor de Israel. En los campos solitarios, mientras cuidaba ovejas bajo estrellas brillantes, experimentaba la presencia plena de Dios. Podemos imaginar a aquel joven pastor tocando su arpa, con lágrimas rodando por sus mejillas mientras componía: «El Señor es mi pastor, nada me faltará». No eran palabras vacías, sino la expresión de un corazón que había encontrado su todo en Dios. Incluso cuando huía por su vida de Saúl, David encontraba refugio en cuevas oscuras, pero su corazón resplandecía con la luz de la presencia divina. «Una cosa he demandado de Jehová», escribió, «ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida». David había descubierto el secreto: en la presencia de Dios hay plenitud de gozo.

¿Qué significa realmente anhelar a Jesús por lo que Él es, y no por lo que puede darnos? Muchos acudimos a Cristo buscando soluciones, bendiciones o milagros. Sin embargo, la verdadera plenitud se encuentra cuando lo deseamos a Él por sobre todas las cosas. Cuando Su presencia se vuelve más valiosa que cualquier regalo que pudiera otorgarnos. Cuando entendemos que aunque todo se derrumbe a nuestro alrededor, Su mano firme nos sostendrá. Esta es la seguridad que trasciende las circunstancias: saber que nunca estaremos solos, que Su paz sobrepasa todo entendimiento y que Su amor es el fundamento inquebrantable sobre el cual podemos construir nuestras vidas.

La plenitud que Cristo ofrece no es un concepto abstracto, sino una realidad transformadora que podemos experimentar diariamente. Cuando permitimos que Jesús ocupe el centro de nuestro ser, todo lo demás encuentra su lugar correcto. Las preocupaciones disminuyen, las prioridades se aclaran y nuestra perspectiva cambia. Ya no vivimos impulsados por el miedo o la escasez, sino desde la abundancia de Su gracia. Esta plenitud no nos aísla del dolor del mundo, sino que nos capacita para enfrentarlo con una fortaleza que no es nuestra. Como Pablo, podemos aprender a estar contentos en cualquier situación, no porque las circunstancias sean siempre favorables, sino porque Cristo, nuestra plenitud, es constante e inmutable.

Tarea del día: Encuentra un momento de quietud hoy. Cierra los ojos y simplemente di: «Jesús, te deseo a Ti, no lo que puedas darme. Tú eres mi plenitud.»

Oremos juntos:

Amado Jesús, reconozco que he buscado llenarme con cosas que nunca podrán satisfacerme completamente. Hoy vengo a Ti, no por lo que puedas darme, sino por lo que Tú eres. Enséñame a encontrar mi plenitud total en Tu presencia. Que mi corazón, como el de David, anhele estar contigo por sobre todas las cosas. En los momentos de abundancia y en los de escasez, sé Tú mi suficiencia. Cuando todo parezca derrumbarse, recuérdame que Tu mano me sostiene. Llena cada rincón vacío de mi ser con Tu amor incomparable. En Tu nombre, amén.

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