Devocional 24 de enero de 2026: «Bajo Sus Alas de Protección: El Ángel de Jehová.»

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Cita bíblica:

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. – Salmos 34:7

Reflexión:

¿Alguna vez has sentido una protección inexplicable en medio de una situación peligrosa? Por un lado, podríamos atribuirlo a la suerte o coincidencia; sin embargo, la Palabra de Dios nos revela una realidad más profunda. El Salmo 34:7 nos asegura que «El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende». Esta promesa no es simplemente poética, sino una realidad espiritual que muchos han experimentado a lo largo de la historia. En primer lugar, debemos entender que este «acampar» sugiere una presencia constante, como un ejército que establece su campamento alrededor de aquellos que honran a Dios, brindando protección continua en cada momento de nuestras vidas.

Recordemos la poderosa historia de Eliseo y el ejército sirio en 2 Reyes 6:15-17. Imagina la escena: el cielo aún oscuro al amanecer, cuando el siervo de Eliseo sale y queda paralizado de terror al ver el horizonte lleno de soldados enemigos, carros y caballos rodeando la ciudad. Su corazón late desbocado mientras corre hacia Eliseo exclamando: «¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?». Pero Eliseo, con una serenidad que sólo viene de conocer lo invisible, responde: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Luego, en un momento que cambiaría para siempre la perspectiva del joven, Eliseo ora: «Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea». De repente, el velo entre lo visible y lo invisible se rasga, y el siervo contempla maravillado cómo la montaña está llena de carros de fuego y jinetes celestiales rodeando a Eliseo. Todo este tiempo, no habían estado solos.

¿Cuántas veces has pensado que estás completamente abandonado? Quizás las personas te han fallado, los amigos se han alejado, y la soledad parece tu única compañía. Pero permíteme decirte esta verdad: nunca has estado realmente solo. El ángel que Dios designó para ti permanece fielmente a tu lado. Como guardianes invisibles, estos mensajeros celestiales velan tus sueños, guían tus pasos y te protegen de peligros que ni siquiera percibes. Sin embargo, existe un momento en que esta protección se ve comprometida: cuando deliberadamente nos alejamos de la presencia de Dios, cuando traspasamos fronteras que sabemos no debemos cruzar. No es que el ángel nos abandone, sino que nosotros elegimos caminar fuera del círculo de protección divina.

La protección angelical es uno de los tesoros más reconfortantes que Dios nos ha proporcionado. A diferencia de las alarmas de seguridad o guardaespaldas humanos, estos guerreros celestiales nunca duermen, nunca se distraen y poseen un poder que trasciende nuestra comprensión. David, quien escribió este salmo, había experimentado repetidamente esta protección sobrenatural mientras huía de Saúl. Él entendía que el temor a Dios —no un miedo paralizante sino una reverencia profunda— es la llave que activa esta guardia celestial. Cuando vivimos conscientes de la presencia de Dios y en obediencia a Sus caminos, nos posicionamos dentro del perímetro sagrado donde Sus ángeles acampan, preparados para defendernos de amenazas visibles e invisibles.

Tarea del día: Hoy, toma cinco minutos en silencio para agradecer la protección invisible que te ha rodeado toda tu vida. Luego, identifica una área donde te has estado aventurando fuera del «campamento de protección» y comprométete a regresar bajo el cuidado divino.

Oremos juntos:

Padre Celestial, gracias por tu protección que va más allá de lo que mis ojos pueden ver. Reconozco que has enviado tus ángeles para acampar a mi alrededor y defenderme. Perdóname por las veces que he caminado fuera de tu cobertura por decisiones imprudentes. Ayúdame a vivir con una consciencia constante de tu presencia protectora y a honrarte con reverente temor. Abre mis ojos espirituales, como lo hiciste con el siervo de Eliseo, para percibir las fuerzas celestiales que me rodean. En los momentos de soledad y peligro, recuérdame que nunca estoy verdaderamente solo. En el nombre poderoso de Jesús, amén.

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