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Cita bíblica:
«Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.» – Salmo 103:2
Reflexión:
Al finalizar este año, muchos estamos haciendo balance de lo vivido. Sin embargo, nuestra tendencia natural es enfocarnos en lo que no logramos, en vez de celebrar el camino recorrido. Por ello, la invitación del salmista resulta tan oportuna y poderosa: «No olvides ninguno de sus beneficios.» Esta frase no es una simple sugerencia, sino una orden que David se da a sí mismo. A medida que reflexionamos sobre los últimos doce meses, necesitamos hablarle a nuestra alma como lo hizo David, dirigiendo intencionalmente nuestros pensamientos hacia la bondad divina que nos ha sostenido hasta hoy.
David no escribe este salmo desde una vida perfecta, sino desde una historia marcada por errores, pérdidas y restauración. Aun así, decide hablarle a su propia alma y recordarle quién ha sido Dios en todo momento. Cierra tus ojos por un instante e imagina al rey, quizás sentado en su terraza bajo el cielo estrellado de Jerusalén, repasando las huellas de Dios en su vida. Siente el peso de su corona, pero más aún, el peso de su historia. Escúchalo murmurar entre suspiros: «¿Cómo podría olvidar cuando me libraste del león y del oso? ¿Cómo no recordar cuando me ungiste siendo yo el menor? ¿Cómo ignorar que me perdonaste cuando no lo merecía?» Sus ojos brillan con lágrimas de gratitud mientras su corazón reconoce: en cada batalla, en cada desierto, en cada valle, Tú estuviste allí.
A medida que el año llega a su fin, es natural recordar lo que faltó, lo que dolió y lo que no salió como esperábamos. Sin embargo, el salmista nos invita a detenernos y mirar con otros ojos: los de la gratitud consciente. No olvidar los beneficios de Dios no significa negar las pruebas, sino reconocer que, aun en medio de ellas, Su mano nunca se apartó. Cada enseñanza, cada proceso y cada puerta cerrada también formaron parte del cuidado de Dios. Este cierre de año es una oportunidad sagrada para evaluar no solo lo que logramos, sino lo que Dios formó en nuestro carácter, en nuestra fe y en nuestra dependencia de Él.
La memoria espiritual es un músculo que debemos ejercitar constantemente. Cuando cultivamos el hábito de recordar los beneficios de Dios, construimos un altar de testimonio que nos sostendrá en tiempos futuros de incertidumbre. Este ejercicio no es un simple recuento de bendiciones, sino un acto de resistencia espiritual contra el olvido y la ingratitud que tanto nos alejan de la presencia divina. Al recordar conscientemente lo que Dios ha hecho, reafirmamos nuestra fe en lo que aún hará. Por eso, antes de escribir tu lista de propósitos para el año entrante, dedica tiempo a honrar el trayecto que Dios ya ha recorrido contigo. El futuro se construye sobre la base de la fidelidad divina que ya has experimentado.
Tarea del día: Toma un papel y divídelo en doce secciones, una por cada mes del año. En cada sección, escribe al menos un beneficio, intervención o enseñanza de Dios que experimentaste. Luego, dedica un tiempo de oración agradeciendo específicamente por cada uno de ellos.
Oremos juntos:
Padre celestial, perdóname por las veces que he olvidado tus beneficios y me he concentrado solo en mis carencias. Hoy decido, como David, ordenarle a mi alma que te bendiga y recuerde cada evidencia de tu fidelidad en este año que termina. Gracias por sostenerme aun cuando no lo noté, por dirigirme aun cuando dudé, y por amarme aun cuando fallé. Ayúdame a construir mi futuro sobre la base firme de la gratitud por todo lo que ya has hecho. En el nombre de Jesús, amén.

