Devocional 14 de julio de 2025: «Corazones Empáticos como Cristo.»

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Cita bíblica:

Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. – Gálatas 6:2

Reflexión:

En un mundo donde reina el individualismo, la empatía se ha convertido en un tesoro escaso. Sin embargo, para nosotros como cristianos, la empatía no es opcional; es el reflejo del corazón de Cristo en nosotros. Cuando decidimos ponernos en el lugar del otro, no solo estamos siendo amables, sino que estamos manifestando el amor de Dios de manera tangible. Por otra parte, el juzgar a otros sin conocer sus luchas internas nos aleja del propósito divino. Consecuentemente, la empatía nos permite ser canales del consuelo divino, transformando vidas a través de la comprensión y la compasión genuina.

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Jesús ejemplificó perfectamente la empatía durante todo su ministerio terrenal. Pensemos en su encuentro con la mujer samaritana junto al pozo (Juan 4). A pesar de las barreras culturales y religiosas, Jesús se acercó a ella con dignidad, conociendo su pasado pero sin condenarla. Asimismo, cuando los fariseos trajeron a la mujer sorprendida en adulterio, Jesús no se sumó al juicio colectivo sino que mostró compasión (Juan 8). De igual manera, al acercarse a Zaqueo, un recaudador de impuestos despreciado por todos, Cristo vio más allá de su reputación, reconociendo su valor como hijo de Abraham. En cada caso, Jesús no minimizó el pecado, pero siempre separó al pecador de su pecado, ofreciendo redención en lugar de condenación.

Cuán fácil es para nosotros caer en la trampa del juicio precipitado. Cuando señalamos, condenamos o nos sentimos superiores a otros, estamos operando desde nuestro ego, no desde el amor de Cristo. Cada persona que encontramos está librando batallas que desconocemos. No tenemos acceso a sus pensamientos, traumas pasados o luchas internas. ¿Acaso no es presuntuoso juzgar con tan limitada información? Cristo nos llama no solo a reservar nuestros juicios sino a acercarnos con amor especialmente a aquellos que parecen más alejados de Dios, pues ellos, como nos enseñó Jesús, son quienes más necesitan de Su gracia transformadora.

La verdadera empatía cristiana nos cambia profundamente y transforma nuestras relaciones. Al adoptar la mentalidad de Cristo, desarrollamos ojos que ven más allá de las apariencias y un corazón que responde con amor ante el dolor ajeno. La empatía no significa aprobar el pecado, sino amar al pecador con la misma intensidad con que Cristo nos ama a nosotros. Cuando practicamos esta virtud, nos convertimos en embajadores efectivos del Reino, llevando sanidad a los heridos y esperanza a los desesperados. En definitiva, la empatía es un reflejo del carácter de Dios en nosotros; es el puente que conecta corazones rotos con el Sanador Divino.

Oremos juntos:

Padre celestial, perdóname por las veces que he juzgado sin comprender. Dame un corazón como el de Jesús, capaz de ver más allá de las apariencias y amar incondicionalmente. Ayúdame a ser un portador de Tu gracia en un mundo necesitado de comprensión. Que mis palabras sanen en lugar de herir, y mis acciones reflejen Tu amor perfecto. Enséñame a llevar las cargas de otros como Cristo llevó las mías. En el nombre de Jesús, amén.

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