Escucha o descarga el devocional y comparte!
Cita bíblica:
«Es bueno que yo haya sido humillado, porque así aprendí tus decretos.» — Salmo 119:71 (NVI)
Reflexión:
Hay días en los que el cielo parece cerrarse sobre nosotros, donde las lágrimas son nuestro pan y la esperanza parece lejana. Sin embargo, es precisamente en esos momentos oscuros donde Dios está obrando con mayor profundidad en nuestro corazón. Porque, así como la noche hace que valoremos el amanecer, los días difíciles nos enseñan a agradecer lo que antes dábamos por sentado. No obstante, muchos huyen del dolor sin entender que es el maestro más fiel que Dios permite en nuestras vidas. Por consiguiente, cada prueba tiene un propósito divino: moldear nuestro carácter, fortalecer nuestra fe y abrir nuestros ojos espirituales para reconocer la bondad de Dios en cada pequeño detalle.
Imagina por un momento a Job: un hombre que lo tenía todo y en un solo día lo perdió absolutamente todo. Sus riquezas desaparecieron, sus hijos murieron y su propio cuerpo se llenó de llagas. Sentado entre cenizas, rascándose con un trozo de vasija rota, el dolor era tan insoportable que su propia esposa le dijo que maldijera a Dios. Sin embargo, en medio de ese abismo, Job se aferró a su integridad y declaró: «Yo sé que mi Redentor vive.» Y Dios lo restauró con el doble de lo que había perdido. Ahora piensa en Noemí, aquella mujer que salió llena de su tierra y regresó vacía, con el corazón destrozado por la muerte de su esposo y sus dos hijos. Tan profundo era su dolor que pidió que la llamaran «Mara», que significa amargura. Pero Dios, en su infinita misericordia, usó a Rut para traer redención a su vida, dándole un nieto que sería parte del linaje del Mesías. Lo que parecía el final fue solo el comienzo de algo extraordinario.
Escúchame bien: son los días de enfermedad los que te enseñan a valorar cada respiro con salud. Son los días de fracaso los que hacen que el éxito tenga sabor a milagro. Son los días de soledad los que te hacen abrazar con fuerza a quienes aman tu compañía. Y son los días de escasez los que te hacen llorar de gratitud cuando Dios provee el pan de cada día. Si nunca sufrieras, jamás valorarías nada. Por eso, no maldigas tu proceso; Dios lo está usando para transformarte.
🎯 Tarea del día: Escribe en un papel tres momentos difíciles que hayas vivido y al lado escribe qué aprendiste de cada uno. Dale gracias a Dios por esas lecciones.
Lo que podemos aprender hoy es poderoso y transformador: Dios no desperdicia ningún dolor. Cada lágrima que has derramado, cada noche de angustia y cada momento en que sentiste que no podías más, estaban formando en ti una capacidad mayor para agradecer, para amar y para confiar en Él. Las temporadas difíciles no vienen a destruirte, sino a prepararte para lo que Dios tiene adelante. Por lo tanto, si hoy estás atravesando un valle oscuro, ten por seguro que el amanecer está más cerca de lo que crees. Dios siempre tiene la última palabra, y esa palabra es restauración.
Oremos juntos:
Amado Padre celestial, hoy vengo ante tu presencia con un corazón agradecido, incluso por los días difíciles. Reconozco que en cada prueba tú has estado conmigo, enseñándome a valorar cada bendición que me regalas. Perdóname por las veces que me quejé sin entender tu propósito. Ayúdame a confiar en ti en medio del dolor, sabiendo que tú conviertes la ceniza en belleza y el lamento en danza. Dame ojos para ver tu mano en cada temporada de mi vida. En el nombre poderoso de Jesús, amén.

