Devocional 25 de diciembre de 2025: «Jesús, Mi Centro: Un Devocional de Esperanza.»

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Cita bíblica:

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. – Mateo 1:21

Reflexión:

En medio de un mundo turbulento, donde las circunstancias parecen girar sin control, necesitamos un ancla firme, un punto fijo que nos proporcione estabilidad. Precisamente por eso, hacer de Jesús nuestro centro no es simplemente una frase bonita, sino una necesidad vital. Cuando permitimos que Cristo ocupe el lugar central de nuestras vidas, todo lo demás encuentra su debida proporción y sentido. Sin embargo, mantenerlo en ese lugar privilegiado requiere una decisión consciente y renovada cada día, especialmente cuando enfrentamos desilusiones que amenazan con desplazarlo de ese trono.

Pensemos en José, aquel hombre justo que experimentó una de las mayores conmociones imaginables. La mujer que amaba, María, estaba embarazada… y él sabía que no era el padre. ¡Qué dolor tan profundo debió atravesar su corazón! Imagina esa noche de insomnio, lágrimas silenciosas mojando su almohada mientras luchaba con pensamientos de traición. La desilusión era tan grande que decidió romper el compromiso discretamente para no exponerla a la vergüenza pública. Pero entonces, en medio de esa oscuridad emocional, un ángel le reveló el misterio divino: «Lo concebido en ella es del Espíritu Santo». Lo que parecía una tragedia personal se transformó en el privilegio de participar en el plan más grandioso de la historia: criar al Salvador del mundo. Su dolor se convirtió en propósito cuando colocó a Jesús, literal y figurativamente, en el centro de su vida.

¿No nos ocurre también a nosotros? Las circunstancias dolorosas, las decepciones y los planes truncados pueden hacernos perder el norte. Sin embargo, cuando mantenemos a Jesús como nuestro centro, incluso los momentos más oscuros pueden transformarse en oportunidades para el milagro divino. No importa la temporada que estés atravesando, rendirte a Él no significa perder el control e ir a la deriva; por el contrario, es ceder el timón de tu vida a quien conoce perfectamente la ruta. Hoy te invito a un ejercicio sencillo: escribe en una nota adhesiva «Jesús en el centro» y colócala donde puedas verla constantemente. Cada vez que la mires, entrégale nuevamente el control de esa situación que te preocupa.

Al final, la verdadera paz no proviene de tener todas las respuestas o de que las circunstancias se alineen perfectamente, sino de saber que Aquel que está en el centro de nuestra vida es mayor que cualquier tormenta. Cuando Cristo ocupa ese lugar privilegiado, los problemas no desaparecen mágicamente, pero nuestra perspectiva cambia radicalmente. Las dificultades ya no nos definen porque nuestra identidad está anclada en Él. Recordemos que el nombre «Jesús» significa «Salvador», y eso es precisamente lo que hace: nos salva no solo para la eternidad, sino cada día, de vivir una existencia sin propósito y centrada en nosotros mismos.

Oremos juntos:

Señor Jesús, hoy reconozco que muchas veces permito que las circunstancias, los problemas o incluso mis propios deseos ocupen el centro de mi vida. Te pido perdón y te invito nuevamente a ser mi centro, mi eje, mi todo. Dame la sabiduría para entregarme a tu voluntad, especialmente cuando no comprendo tus caminos. Transforma mis desilusiones en oportunidades para ver tu gloria manifestada. Ayúdame a recordar que cuando tú estás en el centro, todo lo demás encuentra su lugar correcto. En tu precioso nombre, amén.

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