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Cita bíblica:
Entonces Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl, lo besó y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? — 1 Samuel 10:1
Reflexión:
Hay momentos en la vida en los que sentimos que no somos suficientes, que nuestras fuerzas se agotan y que el camino se vuelve demasiado pesado. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando Dios nos recuerda que Él nunca nos envía solos. De la misma manera que el aceite cubría la cabeza del ungido, así la presencia del Espíritu Santo cubre cada área de tu vida. Por lo tanto, debes saber que no eres una persona ordinaria: eres alguien apartado, consagrado y empoderado por el Dios del universo para cumplir un propósito eterno.
El Ejemplo de Saúl: Una Historia que Parte el Corazón
Cierra los ojos por un momento e imagina aquella escena. Un joven humilde, inseguro, que se escondía entre el equipaje porque no se creía digno, de repente recibe sobre su cabeza el aceite sagrado de las manos del profeta Samuel. Ese aceite no era solo un líquido, era el poder de Dios descendiendo sobre él, era el cielo tocando la tierra, era el Espíritu Santo declarando: ¡Este es el elegido! Saúl comenzó ungido, comenzó poderoso, comenzó con el fuego de Dios ardiendo en su corazón. Pero con el tiempo, algo terrible ocurrió: dejó que ese fuego se apagara. Comenzó a desobedecer a Dios, a buscar su propia gloria, a alejarse de la presencia del Señor. Y el final de Saúl es uno de los más desgarradores de toda la Biblia: un rey que terminó consultando brujas, persiguiendo al ungido de Dios y quitándose la vida en el campo de batalla. ¿Qué falló? No falló la unción que Dios le dio, falló en avivar ese fuego cada día.
¿Sabes Que Tú También Estás Ungido?
Ser ungido significa haber sido escogido, apartado y capacitado por Dios para cumplir una misión divina. No es solo un título espiritual, es una habilitación sobrenatural. Y esa misión no se limita al púlpito.
Necesitas unción para prosperar, unción para crear, unción para diseñar, unción para sanar, unción para levantarte del desierto y atravesar el valle de la depresión sin rendirte. En el tabernáculo, Dios no solo ungió profetas; ungió artesanos con Su Espíritu para construir belleza para Su gloria. Eso significa que lo que Él te llamó a hacer, ya te dio la capacidad para hacerlo con excelencia. Pero la unción no se descuida. Se afirma cada día.
Se aviva en la presencia de Dios.
Se fortalece en la adoración.
Se mantiene viva en la rendición. Aunque hayas sido ungido, necesitas alimentar el fuego constantemente. No permitas que ese fuego se apague en tu corazón. Saúl lo permitió… y perdió el reino. La unción no se pierde por falta de llamado, se pierde por falta de intimidad.
🕯️ Tarea del día: Detente hoy, busca un lugar tranquilo, unge tu frente con aceite si lo tienes, y declara en voz alta: «Señor, soy tu ungido. Aviva el fuego en mí hoy.» Luego pasa 10 minutos en silencio escuchando Su voz.
Oremos juntos:
Señor Jesús, gracias porque no soy un accidente en esta tierra. Gracias porque me has ungido y apartado para un propósito eterno. Hoy me arrepiento de cada momento en que dejé que el fuego se apagara en mi corazón. Aviva hoy tu Espíritu en mí. Dame unción para cumplir tu misión, unción para mis finanzas, para mi familia, para mi salud, para cada área de mi vida. No quiero terminar como Saúl, quiero terminar mi carrera con honor, habiendo cumplido todo lo que Tú diseñaste para mí. En el nombre poderoso de Jesús, Amén.

