Devocional 01 de marzo de 2026: «Derriba Todo lo que No es Su Voluntad.»

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Cita bíblica:

«Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas.» — Mateo 21:12 (RVR1960)

Reflexión:

Hay momentos en la vida donde Dios, en su amor infinito, decide irrumpir en nuestra cotidianidad para sacudir todo aquello que hemos permitido crecer fuera de su propósito. Sin embargo, muchas veces nos aferramos a hábitos, relaciones y estructuras que, aunque parecen inofensivas, han desplazado a Dios del centro de nuestro corazón. Por tanto, es necesario entender que la voluntad de Dios no coexiste con el desorden espiritual. Así como el viento limpia el aire, Él desea limpiar cada rincón de nuestra alma y restaurar lo que fue diseñado para su gloria y su presencia.

Cierra los ojos e imagínalo: Jesús entra al templo de Jerusalén, ese lugar sagrado que debía ser casa de oración, pero que había sido convertido en un mercado ruidoso y lleno de codicia. El olor del dinero mezclado con el balido de las palomas llenaba el aire. Las voces de los mercaderes ahogaban cualquier susurro de oración. Y entonces… Él llega. Sus ojos, llenos de una santa indignación, recorren aquel escenario de profanación. Con autoridad divina, vuelca las mesas, dispersa las monedas, libera las palomas al cielo. No es una escena de violencia; es un acto de amor radical. Jesús no destruyó el templo; lo reclamó. Ese día, el Hijo de Dios dijo en voz alta lo que el Padre sentía en silencio: «Esta casa es mía, y yo la restauraré.» ¿Acaso no hace lo mismo con nuestro corazón cuando permitimos que Él entre?

Hoy te invito a hacer algo valiente: abre las puertas de tu corazón de par en par y deja entrar a Jesús, no solo a los salones presentables, sino a los cuartos oscuros, a los rincones escondidos donde guardas lo que nadie ve. Permite que Él derribe cada altar falso, cada estructura construida en el orgullo, el miedo o el egoísmo. Rendirse a Dios no es perder; es ganar la versión más pura y auténtica de ti mismo. Es decir: «Señor, aquí estoy. Derriba todo lo que no eres Tú.»

📝 Tarea del Día: Toma un papel y escribe tres cosas en tu vida que sabes que no están alineadas con la voluntad de Dios. Puede ser una actitud, un hábito o una relación. Luego, ora sobre cada una y entrégaselas a Él con honestidad. Permite que Jesús voltee esas mesas hoy.

La historia del templo nos enseña que Dios nunca abandona lo que le pertenece; simplemente espera el momento en que le demos acceso. Cuando permitimos que Jesús derribe lo que no es su voluntad, no quedamos en ruinas, quedamos restaurados. Cada tabla que cae, cada mesa que se vuelca, es una oportunidad para que su presencia llene ese espacio vacío. Aprendemos que la transformación espiritual no es cómoda, pero sí es necesaria. Y al final, lo que queda no es destrucción, sino un corazón limpio, disponible y encendido para cumplir el propósito eterno para el cual fuimos creados.

Oremos juntos:

Señor Jesús, hoy te abro las puertas de mi corazón con valentía y humildad. Entra a cada rincón, a cada área oscura que he llenado con cosas que no vienen de Ti. Derriba todo altar falso, toda estructura construida fuera de tu voluntad. Limpia mi templo interior, restáuralo y vuélvelo a consagrar para tu gloria. No quiero un corazón a medias, quiero uno completamente rendido a Ti. Transforma mi vida, renueva mi mente y establece en mí tu propósito eterno. En tu nombre poderoso, amén.

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Una canción de adoración profunda que invita a la presencia de Dios a tomar control de nuestra vida.

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