Escucha el devocional y comparte!
Cita bíblica:
Salmo 92:12-14 (RVR1960)
«El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.»
Reflexión:
Quizás hoy sientes que ya no puedes más, que cada intento terminó en fracaso y que no vale la pena seguir adelante. Sin embargo, Dios no te trajo hasta aquí para dejarte tirado en el camino. Por el contrario, Él tiene un propósito firme contigo. Así como la palmera crece en medio del desierto y resiste las tormentas más fuertes, de la misma manera tú fuiste diseñado para florecer en medio de la adversidad. Por lo tanto, levántate, porque Dios pelea por ti hoy.
Imagina a Pedro aquella noche oscura, con las manos vacías y el corazón destrozado. Había pescado toda la noche sin atrapar absolutamente nada. El cansancio pesaba en sus hombros y la frustración nublaba su mirada. Seguramente pensó en rendirse, en colgar las redes para siempre. Pero entonces llegó Jesús a la orilla y le dijo con ternura: «Boga mar adentro y echa tus redes» (Lucas 5:4). Pedro, con lágrimas en los ojos y temblando de agotamiento, obedeció una vez más. Y aquella red que estuvo vacía toda la noche se llenó tanto que casi se rompía. Dios convirtió su peor noche en su mayor milagro.
Desconozco cuántas derrotas han marcado tu camino ni cuántas veces la vida te ha puesto de rodillas. Ignoro cuánto esfuerzo sembraste sin ver fruto alguno. Sin embargo, hoy toda derrota queda detenida en tu historia. El Señor te susurra al oído: «Atrévete de nuevo, porque mi mano jamás te soltará.» Arranca de tu pensamiento, de tu espíritu y de lo más profundo de tu ser toda raíz de derrota. La Escritura declara que el justo resplandecerá como la palmera. Fuera de la presencia del Altísimo no hay florecimiento posible para ti. Nadie que permanezca sembrado en la casa del Señor puede quedarse estancado. Este es tu momento de reverdecer.
📝 Tarea: «Mi pacto de nuevo comienzo»: Hoy tomarás un papel y escribirás tres fracasos o caídas que te han paralizado.
- En un momento de oración íntima con Dios, lee cada uno en voz alta y di: «Señor, te entrego este fracaso. Hoy vuelvo a intentarlo contigo.»
- Luego rompe ese papel en pedazos como símbolo de que el fracaso ya no tiene poder sobre ti.
- Finalmente, en otro papel escribe tres metas nuevas que intentarás con la ayuda de Dios y pégalo donde lo veas cada día.
En definitiva, aprendemos que el fracaso no es el final de tu historia sino el comienzo de algo nuevo en las manos de Dios. La palmera no florece de la noche a la mañana; sus raíces crecen profundas antes de dar fruto. De igual manera, cada caída te dio raíces más profundas en la fe. Por consiguiente, no mires atrás con amargura sino hacia adelante con esperanza. Dios no desperdicia ningún dolor. Todo lo que viviste te preparó para el florecimiento que viene. Vuelve a intentarlo hoy.
Oremos juntos:
Padre celestial, hoy vengo ante tu presencia con el corazón cansado pero con la fe encendida. Tú conoces cada fracaso que he vivido, cada lágrima que he derramado y cada noche oscura que he atravesado. Pero hoy decido creer en tu Palabra. Tú dijiste que el justo florecerá como la palmera y yo me aferro a esa promesa. Arranco de mi mente toda semilla de fracaso y la reemplazo con tu verdad. Dame fuerzas para volver a intentarlo, sabiendo que esta vez tú caminas conmigo. Plántame en tu casa, Señor, para que florezca y dé fruto en abundancia. En el poderoso nombre de Jesús, amén.

