Ahora puedes escuchar y compartir el devocional a través de YouTube!
Cita bíblica:
«Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.» – Romanos 7:20
Reflexión:
¿Alguna vez te has detenido a reflexionar profundamente sobre tu anhelo por el cielo? Es fascinante cómo muchos de nosotros anhelamos la eternidad sin examinar nuestras verdaderas motivaciones. Por un lado, podríamos desear evitar el sufrimiento eterno del infierno; por otro, quizás anhelamos genuinamente la presencia de nuestro Creador. Sin embargo, nuestras acciones diarias revelan nuestras verdaderas prioridades. Cuando amamos verdaderamente a alguien, le dedicamos tiempo de calidad, atención plena y un corazón dispuesto. De manera similar, nuestra relación con Dios se manifiesta en la cantidad y calidad del tiempo que le ofrecemos.
Imagina por un momento al apóstol Pablo, quien escribió en Filipenses 1:23: «Deseo partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor». Pablo no anhelaba el cielo simplemente para escapar de sus tribulaciones terrenales, aunque eran muchas. Visualízalo en aquella oscura prisión romana, con cicatrices de sus múltiples azotes, hambriento y frío, pero con una sonrisa serena iluminando su rostro. ¿Por qué? Porque para él, estar con Cristo era el premio supremo. No era el temor al castigo lo que motivaba su fe, sino un amor profundo que transformaba incluso sus cadenas en una oportunidad para adorar. Su tiempo en oración no era una obligación, sino el dulce consuelo de conversar con Aquel a quien amaba por encima de todo.
¿Y tú? ¿Anhelas el cielo porque temes el infierno o porque amas a tu Señor? Esta distinción es crucial para nuestra vida espiritual. Si nuestro deseo del cielo se basa únicamente en evitar el sufrimiento, nuestra relación con Dios se vuelve transaccional, no transformacional. El tiempo que le dedicamos aquí en la tierra es el barómetro de nuestro amor. Reflexiona honestamente: ¿cuántos minutos dedicas cada día a la oración, a la lectura de Su palabra, a la adoración? Si alguien examinara tu agenda, ¿concluiría que amas a Dios por encima de todo?
Nuestra búsqueda del cielo revela la naturaleza más profunda de nuestra fe. El cielo no es principalmente un lugar de comodidad o recompensa, sino el espacio eterno donde finalmente estaremos cara a cara con nuestro Amado. El teólogo C.S. Lewis lo expresó bellamente cuando dijo que «el objetivo de la vida cristiana no es evitar el infierno, sino estar enamorado de Dios». Este amor transforma nuestra percepción del tiempo, convirtiendo cada momento en una oportunidad para profundizar nuestra relación con Él. Cuando entendemos esto, ya no vemos la oración como un deber, sino como un privilegio; no leemos la Biblia por obligación, sino por deleite; no servimos por reconocimiento, sino por gratitud.
Tarea del día: Dedica hoy 15 minutos ininterrumpidos a estar en la presencia de Dios sin pedir nada, solo expresando amor y gratitud. Luego, reflexiona sobre cómo te sentiste y cómo podrías incorporar más momentos como este en tu rutina diaria.
Oremos juntos:
Padre celestial, perdóname por las veces que he buscado tu reino por comodidad o temor, en lugar de por amor genuino hacia ti. Renueva mi corazón para que mi mayor anhelo sea simplemente estar contigo. Ayúdame a demostrar mi amor a través del tiempo que te dedico diariamente. Transforma mis prioridades para que reflejen un corazón que te busca por quien eres, no solo por lo que puedes darme. Que mi deseo del cielo sea, ante todo, un deseo de tu presencia eterna. En el nombre de Jesús, amén.

