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Cita bíblica:
Sopórtense unos a otros y perdónense si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. – Colosenses 3:13
Reflexión:
Mientras nos acercamos al final del año, muchos de nosotros llevamos cargas invisibles: heridas sin sanar, palabras que aún duelen y ofensas que pesan en nuestro interior. Sin embargo, Dios nos invita a un proceso de sanidad antes de cruzar el umbral hacia un nuevo comienzo. En primer lugar, debemos reconocer que el perdón no es opcional para el creyente; es un mandato divino que refleja la esencia misma de nuestra fe. Además, cuando decidimos perdonar, no solo obedecemos a Dios, sino que también liberamos nuestro corazón de cadenas que ni siquiera sabíamos que llevábamos. Por último, sanar antes de terminar el año nos permite comenzar con un corazón renovado y liviano.
La Escritura nos muestra ejemplos poderosos de perdón. Piensa en José, quien después de ser vendido por sus propios hermanos, traicionado y olvidado, tuvo la oportunidad perfecta para la venganza cuando ellos estuvieron a su merced. Con lágrimas en los ojos, les dijo: «No teman. ¿Acaso estoy yo en lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien». Sus palabras resuenan con la verdad de Colosenses 3:13. O considera a Jesús, quien en su momento de máximo sufrimiento, clavado en una cruz, pronunció: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». ¿Puedes imaginar el peso de esas palabras? Mientras la sangre corría por su rostro, eligió perdonar. Sus heridas físicas eran profundas, pero su corazón permaneció intacto, sin la corrosión del rencor. Este es el perdón que sana, que libera, que restaura no solo relaciones, sino también almas enteras.
Hoy te pregunto: ¿Qué heridas estás cargando que Dios quiere sanar antes de que termine este año? El perdón no minimiza el daño que te hicieron; más bien, evita que ese daño siga teniendo poder sobre tu futuro. Al perdonar, no declaras que lo que te hicieron estuvo bien; declaras que no permitirás que eso te defina ni determine tu destino. Piensa en cómo sería entrar al nuevo año sin el peso de esos resentimientos, con un corazón liviano y en paz. Dios te está invitando a sanar, a soltar, a vivir en la libertad para la cual Cristo te ha liberado. ¿Aceptarás su invitación?
El perdón es quizás uno de los actos más difíciles pero también más liberadores que podemos realizar. Cuando perdonamos, no cambiamos el pasado, pero sí transformamos nuestro futuro. El rencor es como tomar veneno esperando que la otra persona muera; al final, somos nosotros quienes sufrimos sus efectos tóxicos. Cristo nos perdonó cuando estábamos en nuestra peor condición, sin merecerlo y sin siquiera pedirlo. Su perdón no estuvo condicionado a nuestro arrepentimiento, sino que fluyó de su amor incondicional. De la misma manera, somos llamados a extender ese perdón a otros. No porque lo merezcan, sino porque nosotros hemos recibido misericordia inmerecida. Cuando perdonamos, reflejamos el carácter de Dios y experimentamos la libertad que solo viene cuando soltamos lo que nos ata.
Tarea del día: Toma un papel y escribe el nombre de la persona que necesitas perdonar. Luego, en oración, entrega ese papel a Dios diciendo: «Señor, hoy elijo perdonar a [nombre]. Te entrego mi dolor y confío en que tú sanarás mi corazón.»
Oremos juntos:
Padre Celestial, hoy reconozco que hay heridas en mi corazón que necesito sanar. Hay personas que he mantenido en la prisión de mi rencor, y con eso, me he encarcelado a mí mismo. Ayúdame a perdonar como Tú me has perdonado. Dame la valentía para soltar el dolor y permitir que Tu amor restaure cada área fracturada de mi ser. Toma mi mano mientras camino hacia la libertad del perdón, y prepárame para comenzar un nuevo año con un corazón renovado y en paz. En el poderoso nombre de Jesús, quien desde la cruz nos enseñó el verdadero significado del perdón. Amén.

